Hellooo.
Hoy, mientras pensaba en cómo actualizar el blog, decidí buscar entre mis poemas viejos, a ver si alguno me inspiraba. La verdad, solo me dio nostalgia.
Entre ellos había uno súper personal. Quiero creer que lo escribí en algún momento muy vulnerable, porque parecía una canción de José José. JAJAJA. Era súper migajero.
También encontré algunos poemas que escribí cuando acababa de perder a alguien muy importante. No porque hubiera muerto, sino porque decidió dejar de formar parte de mi vida.
En su momento creí que, al volver a leerlos, iba a recordarle con tristeza o incluso con enojo. Pero fue todo lo contrario. Recordé lo bien que me sentía hablando con esa persona, los momentos felices que pasé a su lado y todas esas experiencias nuevas que tuve la dicha de vivir con ella.
Lo más curioso es que no recuerdo lo que sentí al escribirlos. Digo, hay excepciones. Pero, en la mayoría, mi mente está completamente en blanco.
Sé muy bien lo que significan. Entiendo por qué escribí cada palabra, por qué elegí cada metáfora y de dónde nacía cada verso.
Lo que ya no puedo recordar es cómo se sentía cargar con todo eso.
Y creo que eso es lo valioso del tiempo.
Cuando solemos sentirnos tristes, creemos que vamos a tener que cargar con eso siempre, pero no es así.
Supongo que sanar no siempre significa olvidar. A veces significa poder mirar hacia atrás con cariño, incluso cuando hubo dolor.
Algo que me caracteriza mucho es no guardar rencor. Me permito sentir enojo o tristeza, pero nunca al punto de odiar a alguien o vivir aferrada al resentimiento.
Lamentablemente, o afortunadamente, soy de esas personas que creen que todos merecen otra oportunidad. Creo que las personas pueden cambiar porque yo cambié.
Recuerdo que, cuando convivía con esa persona, tenía muchas actitudes que nacían de inseguridades y heridas que todavía no habían sanado. Con el tiempo entendí que algunas de ellas pudieron haber influido en la decisión que tomó.
¿Me arrepiento? Todos los días.
Pero también creo que ese arrepentimiento me obligó a mirar hacia dentro, reconocer mis errores y convertirme en alguien mejor.
Sé que le debo un perdón a esa persona.
Pero le debo algo todavía más grande: un gracias.
Gracias, no solo por ser mi sol en esos días, sino por ayudarme, quizá sin saberlo, a convertirme en una mejor versión de mí.
Quiero terminar dejando uno de esos poemas que me hicieron recordar esos lindos momentos.
Aclaro que es muy viejo, así que probablemente no tenga la mejor métrica. Pero creo que eso también forma parte de su encanto JAJAJ.
(A) Mar
En la orilla del mar, mi huella quedó trazada,
hoy tus olas la deshacen calladas.
Cada vez que miro ese azul mar,
siento que ahí es donde debo estar.
El viento nos separó
y sola me dejó,
pero hasta el día de hoy
no te he dicho adiós.
Cuando el mar se queda quieto,
y el sol empieza a calentar,
siento que entre sus reflejos,
tú me vuelves a mirar.
Gracias por leerme.
Nos vemos en el próximo capítulo 😜.
